lunes, 20 de julio de 2009

~ Impossible Love

Una pequeña niña fue a la feria por primera vez. Mil luces de colores y formas de fantasía la cautivaron haciendo dejar a un lado su miedo e incrementando su deseo de poseer todo lo que hasta el momento se había creído incapaz. Unos joviales feriantes la invitaron a probar suerte en la ruleta de la fortuna y para sorpresa de la pequeña ganó una pequeña porción de magia. ¡Oh! La pequeña niña no cabía en sí de gozo y quería más. Quiso una estrella y la consiguió, quiso la luna y la consiguió… quiso el mundo y fue suyo. Horas más tarde, después de poseer más que cualquiera de los presentes a su alrededor, se dispuso a contemplar sus tesoros. Y, en un pequeño rincón de su mundo lo vio a él; con una sonrisa más brillante que todas sus estrellas y ojos mil y una vez más maravillosos que aquella luna que ganó. Lo quería, lo quería a él más que cualquier cosa y fue a ver a su amigo el feriante.-Lo quiero a él – dijo la niña de una tierna forma nada más captar la atención del caballero. Éste, que podía apreciar el brillo en los ojos de la pequeña esbozó una sonrisa maliciosa y contestó que le entregaría lo que mas deseaba a cambio de todos sus tesoros; y en menos de un latido de corazón, le entregó todos los ganados aquella noche, dio media vuelta con delicadeza e inclinó la cabeza para ver al muchacho de sus sueños y efectivamente allí estaba, a escasos metros de ella. Lo saludó pero él ni siquiera pareció verla y pasó a su lado rozándole la mano como quien se cruza con un viejo árbol. La pequeña dio media vuelta sobre sus pies de nuevo y la feria desapareció igual que el chico, y comprendió que al regalarle el mundo al astuto feriante le regaló todo lo que tenía en su interior, aún así, aquella pequeña niña soñadora sigue pensado en él cada noche que contempla la luna.

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